Museo de Arquitectura e Historia al Aire Libre de Durango

Palacio de Zambrano

El Palacio de Zambrano fue ordenado construir por Juan José de Zambrano y Amaya en el año de 1795 y terminado a finales del año 1798. Poco después se inició la construcción, por órdenes del mismo propietario, del Teatro Coliseo, el cual fue inaugurado el 4 de febrero de 1800, llevándose a cabo la primera representación teatral el 19 de marzo de 1800.

Nombre Actual del Edificio:Museo Francisco Villa
Año de Edificación:1795
Dirección (y calles aledañas):5 de febrero, entre Zaragoza y Bruno Martínez
  Uso Original:  Casa Habitación  Uso Actual:Museo
Tipo de Construcción y Materiales:Este edificio presenta una fachada de estilo barroco, así como una bella sucesión de balcones y varios patios circundados por arquerías y pinturas murales realizados por Francisco Montoya de la Cruz, con temas populares de Durango.
Estilo Arquitectónico:El frente del gran palacio, marcado originalmente con el #97 sobre la Calle Real (hoy 5 de Febrero) tiene dieciséis arcos concatenados, siendo uno de ellos más amplio, el doceavo contando de izquierda a derecha, que corresponde a la puerta principal y da acceso al gran patio central, creando todo ello un portal o corredor de gran extensión y belleza urbana. Todos los arcos, ventanas y esquinas están almohadillados con flecos barrocos escurridos en su base. Los arcos son de medio punto, sostenidos por columnas toscanas.
  Ocupantes o Dueños de Interés:Juan José de Zambrano

Las piedras para la construcción del palacio, como de tantas iglesias y casonas edificadas por ese tiempo, fueron extraídas de la cantera que se encuentra en la cara norte del Cerro de los Remedios.

La imponente construcción palaciega del Capitán Juan José de Zambrano y Amaya puede considerarse el más deslumbrante y espléndido edificio barroco del norte de la República Mexicana. Se realizó totalmente en cal y canto, con una fachada terminada en cantera, obedeciendo a una tendencia barroca de estilo austero, resultando su portada a la vez sobria y ligeramente afrancesada, sobre una extensión de 6 mil 200 m², abarcando en sus orígenes toda la manzana, posándose paralelamente, apenas a una cuadra de distancia de la Plaza de Armas.

El Palacio de Zambrano se construyó en terrenos del Bachiller José Salcido, quien en 1778 se desempeñaba como cura en Cosalá. En el año de 1786 se descubrieron minas riquísimas como Guarisamey y el de La Puerta en San Dimas, cuyos metales se consideraron como los más ricos de la provincia por su alta ley y lo abundante de su cara, las cuales fueron adquiridas por Don Juan José Zambrano, logrando en poquísimo tiempo formar una fortuna de más de 14 millones de pesos.

Según la tradición, Don Juan José Zambrano pretendió poner a su residencia barandales de plata, lo que no permitió el gobierno virreinal, ya que ni el propio virrey se permitía tal ostentación. Cuentan también que para el matrimonio de una familiar del señor Zambrano se colocó un andamiaje de barras de plata desde palacio hasta la Catedral, por encima del cual desfiló la comitiva.

Enfrente de la fantástica mansión se encuentra lo que originalmente había sido la Huerta de los Jesuitas y que el acaudalado e incontenible hombre de negocios compró, junto con las casas que al sur de la plaza formaban el pequeño Callejón de los Zapateros, y los terrenos a espaldas del Templo de San Ignacio (hoy Templo de San Juan de los Lagos, conocido también como el Sagrario), llamándose en su tiempo Jardín de Zambrano.

Actualmente exhibe el inmueble cuatro puertas. La puerta principal, flanqueada por cuatro placas conmemorativas, está enmarcada en un diseño de cantera, con una concha y una gran lágrima que escurre en el centro, flanqueada por dos columnas adosadas con guarda metralla, con una bordadura mixtilínea con roleos, en tanto que en el trabajo de ebanistería destacan dos grandes medallones elípticos al centro y uno más en la parte superior. La segunda puerta comunica al segundo patio y corresponde a la casa anexa. El portón es de diseño llano, rústico, rodeada por un grueso marco de cantera con poca ornamentación, salvo las dos urnas en cantera que rematan por arriba las puntas de la ondulada cornisa. En los extremos de la fachada hay dos puertas más, que comunicaban a recibidores o salas de estar, hoy ocupadas por dos simpáticos cafés. A lo largo del portal hay siete ventanas verticales, a intervalos regulares, rematadas con copetes en la parte superior.

La planta superior del edificio luce nueve balcones a intervalos irregulares, enmarcados en trabajos de cantera finamente ornamentados, mixtilíneos, bulbosos y de gran altura, protegidos con herrería forjada simple. Destaca el balcón central, cuya decoración se reduplica hasta superar las cornisas onduladas, que coronan todo el remate del frontispicio, con un nicho al centro donde se halla una copia de la Campana de Dolores Hidalgo, con un medallón sobrepuesto a la cornisa con la fecha de 1810. Hay que destacar el movimiento ondulante en el remate de la cornisa de la fachada, que refuerza una evocación marina, o del río del tiempo humano, en el que todos navegamos. En efecto, la fachada tiene en lo alto cornisas ondulantes y bulbosas cuyos roleos, de formas mixtilíneas caprichosas que dan la impresión del oleaje, evocando las caracolas marinas, destacándose las guardamalletas o lambrequines, mismos que cuelgan como lágrimas por todo el recinto, dando todo ello al edificio un estilo barroco único, siendo el más rico en forma y estilo de toda la arquitectura en Durango.

 

El costado oeste exhibe cinco ventanales, más un gran portón, que es enorme y de ruda confección, enmarcado en cantera prácticamente sin adornos, por donde se daba acceso a las bodegas y entraban los carruajes, sobre la Calle de Zambrano (hoy en día Ignacio Zaragoza). Tiene cinco ventanales en parte baja y en la planta alta siete balcones enmarcados en cantera de forma menos ornamentada o más discreta.

El costado este, sobre la Calle Coliseo (hoy en día marcada en la esquina de 5 de Febrero como Bruno Martínez”), tiene una gran puerta, con marco elaborado de cantera, marcada con dos números, el #1 y el #97, donde se daba acceso a la familia del Capitán Zambrano, comunicando con los aposentos de la segunda planta. Existe una puerta más, de dimensiones reducidas, con marco de cantera almohadillado, en la esquina con la Calle Real que llevaba a un pequeño recibidor, el cual también conectaba con la parte superior del inmueble donde estaban las oficinas del prominente minero emprendedor. A su lado se siguen ocho ventanas regulares en la parte baja, y pasando el gran portón, una más, de dimensiones más amplias, más doce balcones en la parte superior, a intervalos regulares, ornamentalísimos, estilo barroco churrigueresco, idénticos a los balcones del frontispicio.

En los muros del patio central del Palacio de Zambrano pueden admirarse las obras murales que Guillermo de Lourdes realizó al temple entre 1935 y 1937, conocidas en su conjunto como “Historia del Proceso Revolucionario”, ocupando desde el primer corredor de la entrada principal hasta los arcos de la segunda planta. En conjunto se trata de cinco series, todas ellas de altísimo mérito estético, contribuyendo al esplendor de la señorial edificación, siendo el recinto civil que cuenta  con un mayor número de obras pertenecientes al movimiento muralista mexicano en Durango.

Los bellísimos murales de Manuel Guillermo de Lourdes comienzan a desenvolverse en el zaguán de la entrada principal, donde el artista pintó las alegorías: “El Trabajo en la Hacienda Porfiriana” y “La Acordada”.  Dentro de este majestuoso edificio se encuentra un mural, el cual representa el progreso técnico, ya que en el gobierno de Francisco González de la Vega entre los años 1956 a 1962, el estado de Durango tuvo una gran época de progreso.

En los corredores del patio principal, el muro frontal y en los laterales, plasmó con un gran sentido didáctico continuo la “Historia del Proceso Revolucionario”, larga serie de muros que encuentra su desenlace más dramático sobre los muros norte, titulados en su conjunto “La Lucha de Facciones”, siendo en su conjunto un mural histórico narrativo, cuya lectura está dispuesta, entrando por la puerta principal, de izquierda a derecha. Pintó también dos hermosos murales de pequeñas dimensiones en la rampa de la escalera medieval, de difícil ejecución triangular, y otros dos en el descanso de la escalera. Junto con Horacio Rentería Rocha, en la planta alta del edificio, en el año de 1935 o 1936, realizó la obra “La Patria con los brazos abiertos cobijando al pueblo”. Por su parte, de 1935 a 1936 Horacio Rentería, su ayudante y discípulo, pintó en los arcos del patio principal, una serie de ocho escudos de armas, de extraño simbolismo y personal diseño. Cabe agregar que en la obra mural fungió como ayudante el artista local Manuel Rodríguez Prado, quien luego se desempeñaría como maestro de arte en las escuelas secundarias del estado.

Los corredores comunican, mirando hacia al norte, al llamado patio trasero, de planta cuadrada, no de grandes dimensiones, de arquería de medio punto que se proyecta al segundo nivel, resguardado con balcones de herrería colonial, más allá del cual se encontraban la cava y los talleres. En la actualidad había en ese recinto un par de vitrales dedicado a Benito Juárez, colocados a principios del siglo XX.

En la planta alta del imponente edificio sobresalen una serie de trabajos murales de fuerte carácter nacionalista. Arriba de las escaleras, el mural clásico-modernista de Manuel Guillermo de Lourdes “La Patria Abre los Brazos para Reconocer a sus Hijos”, del año 1936.

Enfrente de él, sobre el costado sur, destaca la llamada Sala de Gobernadores donde, además de los retratos de los gobernadores de Durango de 1937 a la fecha, se puede admirar el mural de Francisco Montoya de la Cruz “La Liberación de los Trabajadores”, realizado en el fervor de la era cardenista. El Salón Principal del Palacio fue hasta 1978 la sala de sesiones del Congreso del Estado, convirtiéndose luego en sala de reuniones del gobernador y ahora parte del Museo temático Francisco Villa.

En el corredor que rodea al patio central, sobre la segunda planta, hay que admirar una serie mural del mismo Francisco Montoya de la Cruz, realizada entre 1950 y 1952; al oriente la serie “La Educación Pública en Durango”; al sur, “Industrialización y Progreso de Durango”, y al oriente, “La Agricultura y Minería en Durango”, una serie de imágenes que parecieran congeladas en el tiempo, promesas de una bonanza futura que han quedado, muchas de ellas, en el ambiguo territorio del ensueño. En el corredor poniente; rematando todo el conjunto con un pequeño mural de recia composición titulado “El Arado”, de 1952, situado en la corona del primer tramo de la escalera imperial, como envolviendo los dos murales triangulares de Guillermo de Lourdes, plasmado a manera de colofón y rúbrica de la gran obra muralística de todo el conjunto. En esa labor tuvo como ayudantes a Felipe H. Santoyo y Salvador Hernández, y a Manuel Sánchez como maestro albañil, quienes, al lado del maestro Montoya de la Cruz, plasmaron los temas, problemas e ideales de la minería, la agricultura, la educación y el desarrollo económico del estado de Durango.

En el cubo de la escalera principal se encuentran dos extraordinarios murales de grandes dimensiones: una pintura al temple de Manuel Guillermo de Lourdes titulada “La fundación de Analco por los padres franciscanos”. Enfrente de la cual el Ing. Luis G. Sandoval pintó al óleo, en el año de 1979, “La llegada de Juárez a Durango”. Éste último mural, también conocido como “Juárez en Durango a su regreso de Chihuahua”, narra la historia de cuando el presidente Benito Juárez arribó frente a la Plaza de Armas, encontrándose en plena calle con Doña Luz Noriega de Arce, quien extendió una gran bandera francesa para que el carruaje del benemérito atropellara la bandera de los invasores. Juárez, entonces, llamó a la prudencia, invitando a la concurrencia a la cordura. Hay también en el descanso de la escalera un nicho con venera en el que descansa una escultura del Benemérito de las Américas, debido a que el presidente Benito Juárez se alojó en sus aposentos por unos días, cuando regresaba de Paso del Norte, para restaurar la República, siendo por ese tiempo el Palacio de Zambrano la sede del Poder Ejecutivo de la Nación por tres días.

El segundo patio, conocido como Patio de Servicio, zona en que se encontraban las oficinas, la tienda y las bodegas de Zambrano, se encuentra decorado con un acrílico en grandes dimensiones del artista regiomontano Guillermo Ceniceros, que versa sobre el flamante puente “El Baluarte”.

Las escaleras de herradura, de reducidas dimensiones para que subieran las mulas cargadas con las barras de plata, forman un estrecho cubo, decorado por la  obra maestra del artista Guillermo Bravo Morán: “México Raíces de su Historia”, realizado en 1979, el cual puede considerarse la rúbrica, labrada con pinceles de cinabrio y argento, de la Escuela Mexicana de Pintura y del movimiento muralista mexicano, por ser una síntesis de su estética y motivos históricos fundamentales. La casa anexa, en efecto, es un segundo cuerpo del edificio, junto a la casa principal, de menor esplendor en cuanto a su edificación que se comunica con la planta alta, donde se encontraban las oficinas del fabuloso comerciante que, después, fueron por cientos de años las oficinas del ejecutivo del estado, donde se encuentra también un cuadro de intención mural de Jorge Quiñones, teniendo como ayudante a Tere Serrato.

 

Otros Datos de Interés:

Los primeros planes para edificar un nuevo ayuntamiento no se habían llevado a cabo por parte del gobierno, por lo que a principios del siglo XIX, en el año de 1801, el gobernador Bonavía encargó otro proyecto para el edificio de las dependencias gubernamentales al afamado escultor y arquitecto neoclásico Manuel Tolsá, pagándole quinientos pesos para levantar los primeros planos y hacer el presupuesto para la fábrica de las Casas Consistoriales, Cárceles, Alhóndigas y demás oficinas. Desgraciadamente los planos se extraviaron en Durango, por lo que fue necesario mandar hacer una copia a la ciudad de México. Las Casas Consistoriales no se construyeron nunca, por lo que las Casas Consistoriales, las Cárceles, Alhóndigas y demás oficinas se trasladaron finalmente a la Casa de Zambrano.

Juan José de Zambrano murió en el año de 1816 y la regia construcción fue rentada por sus propietarios al gobierno, estableciendo ahí las oficinas de la Casa de Intendencia de la Provincia de la Nueva Vizcaya. Posterior a la consumación de la Independencia fue la sede del gobierno del Estado y la residencia de los gobernadores. Luego de 21 años de litigio, los herederos naturales de Zambrano ganaron el pleito resuelto en los tribunales en 1837 a favor de los hijos de su segundo matrimonio quienes, sin embargo, perdieron la propiedad por falta de pago de contribuciones al gobierno, por lo que se les expropió y pasó a ser sede del Poder Ejecutivo del Estado. Actualmente en el edificio se ubica el Museo Gral. Francisco Villa.

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