Museo de Arquitectura e Historia al Aire Libre de Durango

Parroquia de Santa Ana y La Sagrada Familia

El templo de Santa Ana es considerado uno de los más antiguos en la ciudad de Durango. Su construcción se inició en el Obispado del Dr. Caballero de la Orden de Santiago, don Benito Crespo, por los años 1723 a 1734 y corrió a expensas del Dr. Baltazar Colombo, quien no terminó la obra por haberse trasladado a la Catedral de Guadalajara.

Nombre Original o Nombres Adicionales: Parroquia de Santa Ana y la Sagrada Familia
Año de Edificación: Construido entre 1723 y 1734
Dirección (y calles aledañas): Calle Constitución esq. Gabino Barreda. Zona Centro.
  Uso Original:   Edificio Sagrado (Convento de monjas)   Uso Actual: Edificio Sagrado
Tipo de Construcción y Materiales: Portada de estilo barroco de gran sobriedad y dos portadas laterales, como las de los templos de monjas, que exhiben una interesante decoración con columnas adosadas que separan las portadas, esculturas y remates a base de roleos. Material principal: cantera
Estilo Arquitectónico: Es una construcción majestuosa y original con una fachada de estilo barroco. En su interior muestra una capilla finamente tallada al estilo neogótico que asemeja una filigrana.

Posteriormente, cuando atendió el Obispado Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, XI Obispo de Durango, en los años de 1749 a 1754, se continuó la construcción a expensas del señor Canónigo Bernardo Joachín de Mata, quien amplió el proyecto para darle mayor suntuosidad a la capilla. La obra se suspendió nuevamente y se terminó de construir a principios del siglo XIX en el gobierno episcopal del señor Francisco Gabriel Olivares y Benito quien gobernó la diócesis de Durango de 1796 a 1812.

Se dice que la conclusión de la obra se debió al legado de una devota matrona a quien sus padres dejaron un valioso caudal que destinó íntegramente a la fundación del convento de las capuchinas. Sin embargo, por lo que concierna al mencionado convento de las capuchinas anexo a este templo de que tanto habla la tradición oral y diversas obras de estudios de la historia de Durango, no existen testimonios materiales ni documentos que proporcionen información al respecto.

Por su ubicación y altura de sus hermosos campanarios, fue lugar estratégico muy codiciado en los acontecimientos militares de los tres sitios bélicos que sufrió la ciudad de Durango. Así lo mencionan los informes primero por Pedro Celestino Negrete, fechado el día 30 de agosto de 1821, cuando se consumó la Independencia de México. Después, cuando Esteban Coronado, General de la Guerra de Reforma, tomó la ciudad el día 7 julio de 1858; y finalmente, cuando las fuerzas revolucionarias tomaron la capital del Estado el 8 de junio 1913.

Como testimonio elocuente de haber proporcionado la torre de su campanario para que sirviera de fortín en esas luchas libertarias, en dos de las columnas de cantera que sirven de sostén en los dos cuerpos de su torre, se aprecia las huellas que dejaron los impactos de dos cañonazos y muchos disparos de fusil, cicatrices que son testimonios fehacientes de las luchas internas que ha sostenido el pueblo de México y en especial Durango, por preservar su libertad.

El templo de Santa Ana, es una construcción majestuosa y original con una fachada de estilo barroco. En la parte superior media de la fachada se distinguen tres escudos episcopales, uno corresponde a Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, XV Obispo de Durango y el de en medio es el sello del Obispo Francisco Gabriel Olivares. En su interior muestra una capilla finamente tallada al estilo neogótico que semeja una filigrana. A diferencia de los demás templos de la ciudad, la nave se encuentra paralela a la calle, como era usual en las iglesias de monjas. El elemento que la distingue es una portada doble separada por columnas monumentales y varias medias columnas, sobre las que descansan floreros que aluden a la pureza mariana. Las portadas terminan en remates formados por elegantes roleos. En su interior se encuentra todavía la capilla doméstica con una elegante capsula octagonal que iba a ser dedicada a las monjas de la clausura. La construcción en general, es monumental y hermosa, y al referirse al ella, Francisco de la Maza, autor de “Durango, Notas de Arte “dice: sus portadas son de un barroco moderado, de formas modulaciones en pilastras, copetes y la espléndida torre tiene influencia indudable de las torres de Catedral.

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